vie 8a. Ord. año par antes Cuaresma (Id=182)
Sed
buenos administradores de la múltiple gracia de Dios
Lectura
de la primera carta del Apóstol San Pedro 4, 7-13
Queridos hermanos:
El fin de todas las cosas está cercano.
Sed, pues, moderados y sobrios, para poder
orar.
Ante todo, mantened en tensión el amor mutuo,
porque el amor cubre la multitud de los pecados.
Ofreceos mutuamente hospitalidad, sin
protestar.
Que cada uno, con el don que ha recibido,
se ponga al servicio de los demás,
como buenos administradores de la múltiple gracia
de Dios.
El que toma la palabra, que hable Palabra de
Dios.
El que se dedica al servicio,
que lo haga en virtud del encargo recibido de
Dios.
Así, Dios será glorificado en todo, por medio
de Jesucristo,
a quien corresponden la gloria y el poder
por los siglos de los siglos. Amén.
Queridos hermanos:
No os extrañéis de ese fuego abrasador que os
pone a prueba,
como si os sucediera algo extraordinario.
Estad alegres cuando compartís los padecimientos
de Cristo,
para que, cuando se manifieste su gloria,
reboséis de gozo.
Palabra
de Dios.
Salmo
responsorial Sal 95, 10. 11 -1 21- 13
R.
Llega el Señor a regir
Venit Dóminus
Decid a los pueblos: El Señor es rey,
él afianzó el orbe, y no se moverá;
él gobierna a los pueblos rectamente.
R. Llega el Señor a regir
Venit Dóminus
Alégrese el cielo, goce la tierra,
retumbe el mar y cuanto lo llena;
vitoreen los campos y cuanto hay en ellos,
aclamen los árboles del bosque.
R. Llega el Señor a regir
Venit Dóminus
Delante del Señor, que ya llega,
ya llega a regir la tierra:
regirá el orbe con justicia y los pueblos con
fidelidad.
R. Llega el Señor a regir
Venit Dóminus
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya,
aleluya.
Yo los he elegido del mundo, dice el Señor, para que vayan y den fruto, y su
fruto permanezca.
Ego vos elégi de mundo, ut eátis et fructum afferátis, et fructus vester máneat, dicit Dóminus.
Aleluya.
EVANGELIO
Mi
casa se llama Casa de Oración para todos los pueblos. Tened fe en Dios
+
Lectura del santo Evangelio según San Marcos 11, 11-26
Después que la muchedumbre lo hubo aclamado,
entró Jesús en Jerusalén, en el templo, lo estuvo observando todo, y, como era
ya tarde, se marchó a Betania con los Doce.
Al día siguiente, cuando salió de Betania, sintió hambre.
Vio de lejos una higuera con hojas, y se
acercó para ver si encontraba algo; al llegar no encontró más que hojas, porque
no era tiempo de higos.
Entonces le dijo:
–Nunca jamás coma nadie de ti.
Los discípulos lo oyeron.
Llegaron a Jerusalén, entró en el templo, se
puso a echar a los que traficaban allí, volcando las mesas de los cambistas y
los puestos de los que vendían palomas.
Y no consentía a nadie transportar objetos
por el templo.
Y los instruía diciendo:
–¿No está escrito: Mi casa se llama Casa de
Oración para todos los pueblos? Vosotros en cambio la habéis convertido en
cueva de bandidos.
Se enteraron los sumos sacerdotes y los
letrados, y como le tenían miedo, porque todo el mundo estaba asombrado de su
enseñanza, buscaban una manera de acabar con él.
Cuando atardeció, salieron de la ciudad.
A la mañana siguiente, al pasar, vieron la
higuera seca de raíz. Pedro cayó en la cuenta y dijo a Jesús:
–Maestro, mira, la higuera que maldijiste se
ha secado.
Jesús contestó:
Tened fe en Dios. Os aseguro que si uno dice
a este monte: «Quítate de ahí y tírate al mar», no con dudas, sino con fe en
que sucederá lo que dice, lo obtendrá.
Por eso os digo: Cualquier cosa que pidáis en
la oración, creed que os la han concedido, y la obtendréis.
Y cuando os pongáis a orar, perdonad lo que
tengáis contra otros, para que también vuestro Padre del cielo os perdone
vuestras culpas.
Palabra
del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.